Imagen con fines ilustrativos

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ (CDC), las mujeres representan aproximadamente el cincuenta por ciento (50%) de la población con VIH en todo el mundo. Si bien muchas de las manifestaciones clínicas del VIH en las mujeres son similares a las de los hombres, existen diferencias significativas entre ambos géneros. Éstas incluyen:

    • Diferencias en la carga viral en la etapa temprana de la infección.
    • Diferencias en el comportamiento de determinadas Infecciones Oportunistas.
    • Diferencias en los niveles de toxicidad y en los efectos secundarios de los medicamentos antirretrovirales.
    • Una serie de complicaciones específicas de la mujer.

Para D’Arminio Monforte A, et al, a pesar de ser una necesidad, la cantidad de investigaciones publicadas acerca de mujeres con VIH continúa siendo limitada, y todavía son escasos los ensayos clínicos que buscan la participación de población femenina.

De todos modos, este es un debate aparte. Lo que sí sabemos es que, con independencia del sexo, el hecho de tener VIH entraña unos retos importantes para la salud emocional. El abordaje del VIH como una enfermedad de carácter crónico, y a la vez aguda y potencialmente mortal, además del estigma asociado y de un sinfín de repercusiones médicas, conlleva una carga emocional exclusiva de esta condición.

ABSTRACT

Today, worldwide, women constitute more than half of the HIV-infected population and AIDS-related illnesses remain the leading cause of death for women aged between 15 and 49.

Since the start of the global HIV epidemic, women in many regions have been disproportionately affected by HIV. While many of the clinical features of HIV in women are similar to those in men, there remain significant gender-based differences in the disease.

ALTIBAJOS EMOCIONALES

La evidencia científica y la intuición nos dicen que, en general, las mujeres experimentan una mayor carga de alteraciones emocionales y del ánimo que los hombres, un hecho que se asocia a menudo con las tensiones adicionales que sienten en su papel de madres o cuidadoras.

Es bastante evidente que, al recibir un diagnóstico de VIH, el bienestar emocional de una mujer puede verse sometido a un estrés adicional.

Ser mujer con VIH supone unos desafíos específicos diferentes a los de los varones:
  • Embarazo.
  • Lactancia materna.
  • Crianza.
  • Envejecimiento y menopausia.
  • Imagen corporal.
  • Traumas.
  • Depresión.
  • Estigma y problemas psico-sexuales.
  • Problemas ginecológicos.
  • Problemas hormonales.


RECOMENDACIONES

El apoyo emocional es esencial en estos casos.

A muchas mujeres les resulta de suma utilidad hablar con otras mujeres con VIH, especialmente aquellas que cuentan con más años de haber sido diagnósticas. Conformar un grupo de auto-apoyo con otras mujeres con VIH es altamente recomendado.

Construir una relación terapéutica con el proveedor de salud es crucial para el mejor manejo de la enfermedad, así como de los signos y síntomas de una carga emocional elevada.

Se ha demostrado que el respaldo de amigos y familiares ayuda a las mujeres con VIH a evitar la depresión y a afrontar mejor su condición. Involucrar a la familia en todo proceso es usualmente de gran ayuda.


Las investigaciones realizadas en los últimos años confirman que las mujeres son de 2 a 4 veces más vulnerables a la enfermedad que los hombres.

Las mujeres con VIH tienden a diagnosticarse más tarde que los hombres y progresan más rápido al VIH avanzado debido a las barreras sociales y económicas, a la falta de acceso a tratamiento y a un diagnóstico oportuno, a la falta de motivación, a la falta de apoyo y al estigma entorno a la condición.

Como un último dato, las mujeres suelen experimentar efectos adversos serios que conducen a la suspensión de la terapia antirretroviral.

Juan Rodríguez
Licenciado en Enfermería de la Universidad Hispanoamericana de Costa Rica (UH)